Oye, ¿qué piensas de la renuncia del Papa?

ImagenEn estos últimos dos días, han sido varios los que me habéis preguntado por mi opinión acerca de la “noticia del año” (en palabras de un amigo), la renuncia de Benedicto XVI. Pues bien, para que pueda alcanzar a otros más allá de los que me preguntaron, aquí tenéis mi reacción y reflexión acerca de este hecho, sin duda, histórico:

Lo primero de todo, y utilizando las palabras de Joseph Ratzinger en el anuncio de su renuncia, la decisión surge después de muchas horas de oración, de “examinar reiteradamente mi conciencia ante Dios”. De aquí nace la renuncia, del diálogo y el abandono en el mismo que lo colocó al frente de su Iglesia sucediendo a Pedro. No me cabe duda de que Benedicto XVI habrá ofrecido en multitud de ocasiones su pontificado y más después de aquel viaje a Cuba en el mes de marzo de 2012 en el que comenzó a gestar la idea de dar paso a un nuevo pontífice. No se trata, por tanto, de una decisión poco meditada ni de una decisión política o solamente humana.

Cuando conocí la noticia, a través de un Whatsapp de un amigo que llegó a mi móvil apenas unos segundos después de apagar la alarma, me invadió una mezcla de incredulidad y disgusto. Sin embargo, con el paso de los minutos, pude descubrir las dos actitudes que, a mi parecer, son las mejores para afrontar esta noticia y que no he parado de repetir a cuantos me preguntaban: confianza y esperanza. Confianza en Dios, que es quien concedió el papado a Ratzinger hace ocho años y que lo ha acompañado en todas sus decisiones, incluida esta última, y que será quien provea a la Iglesia de un nuevo sucesor de Pedro; y esperanza en que el nuevo papa que salga elegido del cónclave que se celebrará próximamente en Roma llevará a cabo un ministerio tan digno y fecundo para la Iglesia como lo ha sido el del pontífice saliente.

Y, por supuesto, no puedo olvidarme del agradecimiento, porque aquel Papa que se quedó en Cuatro Vientos aguantando la lluvia junto con los dos millones de jóvenes que padecimos aquellos minutos de temporal, demostró una grandísima humildad que ha mantenido hasta la actualidad, reconociendo que ya no puede asumir un ministerio como lo es el de Obispo de Roma, y dejando que alguien “con más vigor físico y espiritual” ocupe este puesto. Él, a partir del 28 de febrero, no abandonará la Iglesia, sino que continuará sosteniéndola mediante la oración.

¡Muchísimas gracias, Benedicto!

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