Tres años

ImagenTres años. Decenas de viernes. Cientos de horas compartidas en convivencias, reuniones o, simplemente, momentos juntos. Una cantidad innumerable de recuerdos que se pelean por ser el mejor de una etapa de mi vida que, sin duda, ha sido la mejor. Un corazón que se quiere dividir, aunque le duela, para seguir contemplando cada éxito, cada sonrisa, cada mirada reclamando una felicitación o una palabra de ánimo… Cada una de las personas que lo han ocupado durante tres inolvidables cursos.

Nunca habría imaginado, cuando era yo el que insistía en querer ser monitor, que este momento llegaría. Nunca me había planteado que tendría que hacer mía aquella canción que desde 5º de Primaria cantaba en Calera y en muchos otros momentos: “Cuando vaya a otro lugar tendré yo que abandonar a mi familia y mis amigos por seguirte”. Tampoco me imaginaba entonces que al ponerme la sudadera verde me arriesgaba a que mi vida pasase a ser cada una de las personas que cada viernes me esperaban intentando sonsacarme qué dinámica haríamos esa tarde. Sin embargo, lo conseguisteis. Sin dejarme oponer resistencia, llegasteis a lo más hondo, a ese lugar del que ya no podéis salir, y me hicisteis feliz con cada uno de vuestros éxitos, con esas “batallas” que ganabais en clase, jugando al fútbol, en concursos… Me dejasteis compartir con vosotras momentos difíciles, estar ahí cuando no todo iba bien y sonreíros cuando el problema era ya parte del pasado. Desde aquel primer “password” en el que os conocí o, mejor dicho, desde aquella oración con “16 añitos” que sería el primero de muchos otros finales de reunión dejándole un espacio a Jesús, a María y a Champagnat, diciéndoles de corazón “gracias”, gracias por habernos traído hasta aquí, por elegirnos, y por darme un grupo así. Gracias por haber querido que sea yo, que no soy nada, quien sonría y se enjugue algunas lagrimillas mientras escribe esta entrada que no se puede comparar a todo lo que me habéis dado todos y cada uno de los viernes, y a ninguno de los regalos que recibí el último. Porque, aunque os cueste creerlo, en esta gran aventura que hemos vivido juntos, he sido yo el que más ha aprendido, el que se lleva cientos de lecciones que cada viernes aprendía viendo cómo no es necesario tener lo que la sociedad vende como felicidad asegurada, descubriendo la alegría de la entrega, de darte a los demás sabiendo que tu trabajo, tu esfuerzo cada semana, dará sus frutos, aunque a veces estés demasiado ocupado como para encontrarlos. No creáis que no habéis tenido nada que ver en la decisión de entregar mi vida, pues fue con vosotras con quienes aprendí la felicidad de dejarte desgastar por los demás. Ojalá descubráis en vuestra vida esa alegría, la de anteponer a los otros a uno mismo, aunque cueste, para poder sonreír a su lado y alegrarte de corazón con lo que para él lo es todo.

Llegados hasta este punto en el que nuestros caminos se empeñan en no continuar tan juntos como hasta ahora, tengo que daros las gracias, desde lo más hondo que puedo, y más sinceramente que nunca, por haber dejado que os acompañe, por no haber abandonado Grupos cuando las dinámicas comenzaban a ser más exigentes por vuestra madurez, por no haber renunciado a seguir siendo niñas cuando la situación lo requería, por haber escuchado y acogido los valores que cada semana intentábamos transmitiros, por haber descubierto que realmente merece la pena invertir tu tiempo en unos grupos de vida cristiana maristas, por esas sonrisas que muchas veces llegaban en un momento difícil y sin pretenderlo me arrancaban a mí una y me animaban a seguir adelante… Por haberme hecho el monitor más feliz del mundo. Por haber sido el mejor grupo que se puede desear.

Ahora comienza para todos una etapa nueva, y en los próximos cuatro años viviréis numerosos cambios que os conducirán hasta el punto en el que yo me encuentro, a poco más de dos meses de hacer las maletas para comenzar una vida fuera de Navalmoral. Permitidme que os ruegue que desde ahora, cuando llegue ese momento y después de que os vayáis a la universidad, mantengáis lo que marca la diferencia: los valores y la fe en Quien nos ha enseñado esos valores. Si hacéis esto, si no os separáis de Él ni de María porque vivís poniendo en práctica y enseñando lo que habéis visto en Grupos Marcha, os aseguro que seréis tan felices como yo lo soy ahora mismo, porque no he hecho otra cosa que esa, y no he querido transmitiros nada más que eso. Por favor, no olvidéis lo que habéis aprendido en estos tres años, sed felices, luchad por vuestros sueños, cumplidlos, sonreíd aun cuando el viento sople en contra y estad siempre orgullosas y agradecidas por ser quienes sois. No cambiéis nada de lo bueno que tenéis en vosotras, que es muchísimo más de lo que os imagináis. Y, si no es mucho pedir, no os olvidéis de mí, que os llevaré siempre en mi corazón, porque habéis sido (y sois) fundamentales en mi vida, y será imposible olvidaros.

Me han quedado muchas dinámicas y oraciones por hacer. Muchas palabras que deciros y muchos momentos que me encantaría compartir con vosotras. Allí donde esté, seguiré compartiendo esos momentos, alegrándome e insistiendo en estar cerca cuando las cosas se pongan difíciles. No es una despedida total, ya sabéis que en esto también marcamos la diferencia por ser cristianos.

Os llevo muy dentro, y mi corazón está con vosotras.

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2 comentarios en “Tres años

  1. Seminarista y con 15 chicas alrededor. ¡Qué buen ejemplo de entrega exclusiva a Dios!

    Sinceramente, espero que no te pierdas en el camino vocacional.

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