Varitas y sellos

lettre-verte-boiteEs el único tipo de magia que tolero, si hablamos aquí de magia en un sentido no demasiado estricto de la palabra. Es ese conjunto de emociones y recuerdos que nos invaden cuando nos acercamos a algo que el progreso de nuestros días ha dejado relegado al desuso. Desde hace unos días, un hermano del Seminario me comenta varios juegos de los que en su infancia encontraba en cada máquina de las que abundaban en los bares y con los que ahora está rememorando su infancia en la pantalla de su móvil. Es esa magia, la magia de lo atrapado en otro momento del tiempo y de nuestra historia particular.

Es ese mismo encantamiento el que poseen las máquinas de escribir, las dedicatorias en la primera página de los libros y, quizás con un tono más acentuado, las cartas postales, el correo ordinario en el a lo largo de los siglos han viajado noticias que movían a la emoción y al duelo, que comunicaban la esencia de la alegría en unas cuantas líneas y que con el mismo tono incluían versos del enamorado que redactaba apresurado bajo la débil luz de la lámpara de un escritorio a kilómetros de la destinataria de las palabras y del sentimiento. Porciones de papel recubiertos de todo tipo de caligrafías que suscitaban idénticas emociones tanto el rico como el pobre; que se convertían en cruciales para las familias que habían visto alejarse a uno de sus miembros y que veían en forma de postales cómo su nueva vida comenzaba a edificarse. Esa correspondencia que hoy queda reducida a las insensibles facturas que, eso sí, con una regularidad intachable llegan cada mes a nuestro buzón para recordarnos que en el pasado recibíamos otro tipo de correo, y que hay un nuevo desembolso que hacer.

¿Y por qué digo magia y no hablo simplemente de afición? Porque la característica que hace de la afición un gusto personal no abarca la capacidad del correo postal de emocionar por igual a quienes comparten el gusto por ella y a los que la ven solo como una especie en extinción. Así es nuestra capacidad de conmovernos, de reconocer los sentimientos aun cuando viajan escritos y, más importante aún, de suscitarlos en quienes más queremos.

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Un comentario en “Varitas y sellos

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