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Ponerse en camino

ImagenSi la vida es como un camino, se hace mucho más suave si se recorre acompañado. Y más si los que te acompañan son más de cuarenta personas dispuestas a dar lo mejor de sí y a dejarse sorprender por Aquel que es también la meta. Cuarenta personas de las que algunas son reencuentros y otras rostros y nombres nuevos; pero ante todo cuarenta personas con las que tienes en común las ganas de vivir una nueva experiencia inolvidable, y de vivirla juntos y junto a María.

Este ha sido mi comienzo del puente de Mayo: una peregrinación en la que el cansancio ha pasado a un segundo plano reemplazado por la felicidad, las risas, la amistad y el ambiente excepcional que se ha vivido durante los tres días: desde la llegada a los abrazos de la despedida, desde las caras somnolientas de la mañana a las fatigadas de la noche. Horas y horas de tiempo vivido juntos, de momentos irrepetibles que ya forman parte de la historia de innumerables amistades que han surgido en el camino hacia Guadalupe y que, estoy seguro, ya cuentan con la presencia de María acompañándolas y cuidándolas. Miles de anécdotas y sentimientos vividos que se almacenan ya en nuestra memoria y en nuestro corazón para conformar el mejor álbum de recuerdos de estos tres días. ¿Con cuál de todos me quedo? Si tengo que elegir, no puedo quedarme con menos de 2: el primero, la experiencia de recorrer todo un camino con parte del grupo con el que empecé a recorrer otro camino hace ya más de un año: mi grupo de catequesis de Confirmación de Navalmoral que apareció a los pies del autobús para mejorar mi peregrinación y llenarla de momentos de los que alegran por dentro y hacen emocionarse con lágrimas de agradecimiento y cariño. Y, en segundo lugar, elijo los momentos en los que a lo largo de la convivencia se ha podido hablar de corazón a corazón, entre amigos, en un clima que solo se crea en este tipo de actividades en las que el Espíritu Santo se reparte y no deja a nadie intacto. Momentos en los que se descubre cuánto de valioso tiene la otra persona y cuánto se puede aprender de ella; momentos en los que la felicidad de dejar a alguien nuevo entrar en tu vida no se ve nublada por ningún miedo; momentos en los que el compañero de camino pasa de simplemente dar pasos juntos, a recorrer a tu lado otro camino, tu vida, de la que ya forma parte y de la que nadie le podrá sacar jamás.

Y todo gracias a la primera que “Se levantó y se puso en camino”, la que no dudó en decir sí al plan que le daría una felicidad mayor a la que jamás pudo imaginar: María, esa Madre que siempre tenemos “ahí” estemos en la situación que estemos, ese “altavoz” que nos presta su voz para nuestras oraciones, ese motivo por el que nuestros pasos tenían sentido. El objetivo era Guadalupe, el encuentro con Ella, pero tan cierto es que Ella estaba ya por el camino como que todo lo que vivimos fue un regalo que nos quiso hacer. Al fin y al cabo, este comienzo del puente era un regalo para Ella.

¡Gracias a todos los que habéis hecho del camino una experiencia inolvidable! ¡Gracias, Madre, por acompañarnos en todo momento y ser el mejor premio al esfuerzo! ¡Gracias, Señor, por demostrarnos lo grande que eres, y demostrárnoslo en nuestros compañeros de camino!

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2 comentarios en “Ponerse en camino

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