Mis manos son tu voz

2014_3_10_nPjx2JHKTpcCwYt9OQUfg2El camino de entrada y salida al corazón de los sordos se abre con las manos. Escribo esta entrada poco después de terminar la primera misa que he signado en Lengua de Signos (LSE) para un reducido grupo de sordas que nos han acompañado en la celebración de la comunidad en el Seminario. La experiencia ha dejado en mi interior la misma paz que han sentido ellas al poder participar de una eucaristía completa entendiendo con signos las palabras del sacerdote, algunas por primera vez.

Si todos los sentidos se desarrollan cuando se pierde uno, tengo muy claro que el “sentido interior”, el que gestiona la vida espiritual de cada uno de nosotros, alcanza en el silencio en el que viven un grado elevadísimo. Su fe y su oración han sustituido los sonidos y los cantos por el fervor y la llama interior que prende en los que son los preferidos del Padre. Poder alimentar ese fuego, colaborar con el Señor (mejor, dejarle actuar por mí) para que su Palabra y su mensaje les alcancen también a ellos es una experiencia de la que solo el corazón puede hablar. Una experiencia para lo que no existen ni signos ni palabras, solo la sonrisa y el gozo que deja el rostro y las manos agradecidas de quienes sienten cómo el Buen Pastor ha salido a su encuentro salvando la distancia de la sordera.

“Id y haced discípulos a todos los pueblos”. Superando barreras, hablando todas las lenguas, acercándonos a todos los que tienen derecho al Evangelio. Porque cada persona es la meta.

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