No te falta nada

mirada-envidiaSi de algo puede presumir el hombre es de tener unos sentimientos con los que construimos nuestra vida, un corazón que es el motor de cuanto hacemos, porque todo lo dirigimos a lo que queremos, a aquello en lo que fijamos los ojos. Sin embargo, hay momentos en los que el interior se convierte en un arma de doble filo, y algunos sentimientos se vuelven tan destructivos y lacerantes que acaban con lo que a otros les ha costado edificar.

De todos ellos, uno de los que menos me gusta por lo irracional que puede llegar a ser: la envidia. Es el deseo de ser otro, de vivir lo que no eres, de poseer lo que no has alcanzado o lo que, simplemente, no necesitas. Es el ansia de dejar de ser tú para ser lo que es otro, y olvidar así todo lo bueno que te hace brillar. Es olvidarse de que en ser únicos está la gracia del mundo, y que solo así lo específico de los demás puede enriquecerte, si no estás lo suficientemente cegado como para preferir tu pobreza a la riqueza de lo que viene de fuera, a la alegría compartida, a lo grande que solo se construye en equipo…

Guste o no, cada persona, además de un rostro inequívoco, tiene unas cualidades con las que nada tiene que envidiar a otro. Aunque muchas veces nos olvidemos de que para nuestra misión nos vale con las que tenemos y no explotamos, y nos serían inútiles las que ansiamos de los demás.

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