Vivir más allá

couple-cute-girl-guy-instagram-Favim.com-273674Hace unos días encontré una entrada de blog que pretendía ayudar a los que se sienten dolidos ante fotos de Instagram que les hacían envidiar a sus protagonistas. Imágenes recibidas en un momento de bajón sentimental o de falta de forma anímica y que se convierten en un torpedo capaz de causar estragos interiores. ¿El secreto para superarlas? Su brevedad. Según el bloguero, ese momento capturado duraba exactamente lo mismo que el flash de la cámara que lo retrataba, y no podía tener una repercusión que la superase en mucho más tiempo. Supongo, por una confianza natural en la bondad que tenemos dentro, que no todas las imágenes que veo a diario en Instagram son meras representaciones teatrales de algunos que buscan aparentar lo que no viven o, peor, ser envidiados por otros por lo que ellos mismos envidian y simulan. Muchas serán tan ciertas como el estremecimiento que nos provocan por dentro: la chica que sonríe con su nuevo teléfono frente al espejo sigue empuñándolo al subir la foto, la pareja que mira a la cámara no se ha separado en toda la tarde como afirma el comentario y los amigos que intentan no salirse del selfie que uno de ellos toma desde una esquina han disfrutado realmente de ese rato en compañía. Y que esto sea cierto, aunque sume peso a la situación y a la repercusión que tiene, hace que esté dañando algo real, no una pantomima.

Pero esto no es todo. Si digo que te duele, también te pido que mires más allá para no paralizarte en un momento (como las fotografías). Mi razón para no quedarse llorando ante la pantalla es la cantidad de vida que hay más allá de ella, y de la que no es más que un lugar en que pasamos algo de nuestro tiempo y contamos parte del resto.  Quizás sea más duro reconocer los minutos que te ha quitado ese tuit o esa foto, lo que podías estar haciendo cuando solo pensabas en lo mal que te había sentado encontrarlo. Es posible que si hubieses estado ocupado, o te hubieses puesto inmediatamente, a leer, dibujar, llamar a un amigo o estudiar, al poco tiempo tú mismo podrías decir algo con más sentido que una simple queja, y te sentirías mejor. Y si hubieses hecho todo esto antes, la pareja sonriente de la foto no habría mirado a alguien que se descomponía ante ellos, sino a alguien tan enriquecido por lo que estaba viviendo fuera que era capaz de aguantar ese golpe. La clave, vivir lo que hacemos en Internet, pero también vivir más allá.

El problema de la envidia no está en lo que los otros tienen, sino en lo que sientes que a ti te falta. Si disfrutas de los minutos y no dejas huecos, la próxima foto no encontrará tantos lugares por los que colarse hasta dentro, podrás alegrarte de que sean felices, porque todos estaréis haciendo lo que os acerca a ser la mejor versión de vosotros mismos.

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