Ahora que eres seminarista, toca sonreír – Día del Seminario 2015

cura_sonrisaEsta mañana, celebrando la Eucaristía de san José (y con ella el Día del Seminario) con los alumnos del colegio de las Josefinas Trinitarias de Plasencia, una frase me ha dado el tema perfecto para la entrada de este día. Después de haber invitado a los chicos y chicas presentes a mirar a la cara de las religiosas y de los seminaristas para comprobar la felicidad de haber decidido entregar su vida, el rector me decía entre risas: “Ya sabes, a partir de ahora te toca sonreír mucho”. Y es que, celebrar a san José como patrón, escribir esta entrada desde el Seminario, haber elegido esta opción, es motivo suficiente para hacerlo.

Sonreír, pero no como por algo pasajero, un regalo que ilusiona hasta que se pasa. Sonreír con la alegría de haber sabido encontrar a Alguien por quien merece la pena dar la vida, que ya la ha dado por nosotros, que enseña a amar porque quiere encender el mundo en el mismo fuego que le llevaba a cambiar todas las vidas que se encontraba por delante. Alguien que, llegado el momento en el que consideró que mi vida estaba lista para cambiar de rumbo, decidió dejar su pregunta en medio del camino, con los datos suficientes para encontrar la siguiente pista, para comenzar a dar pasos hasta llegar a la meta. Que Dios nunca me haya hablado en una voz, ni se haya aparecido ante mí no me quita la alegría; al contrario, me regala la de saber que le he importado lo suficiente como para buscar la forma de decirme lo que quería para que yo supiese escucharle. ¿Y si sabes que Alguien así te llama para que formes parte de su plan para salvar el mundo, no vas a sonreír?

¿Y las renuncias? Las renuncias tampoco pueden más que la alegría, porque es precisamente gracias a ellas como aumenta. ¿Nunca has renunciado a romper tu hucha para poder comprar más tarde algo más valioso? La clave está en encontrar lo que necesitamos para el camino, y lo que necesitamos llevar listo para que ayude a los otros a continuar caminando. Puede que muchos vean en mi vida una retahíla de noes, pero gracias a ellos algún día podré servirles.

Cuando sabes que Dios quiere seguir tocando corazones, que necesita manos que estén dispuestas a dar color a los que todavía viven en blanco y negro, que el esfuerzo que ha hecho para encontrarte a ti quiere hacerlo con todos los que viven en la tierra. Cuando descubres que son más los que agradecerán la entrega que los que la despreciarán, que hay cargas que solo unas manos ungidas pueden retirar, que hay vidas esperando a que sean tus palabras las que les abran la puerta de la eterna. Cuando encuentras a las personas que buscan a Dios sin toparse con nadie que les lleve a Él, a los jóvenes dispuestos a decir que “sí” a un proyecto que merezca su vida, a los millones de personas que miran al Cielo y piden que nunca falten los que les acercan a él… Cuando eres consciente de todo lo que un sacerdote puede transformar y convertir, entonces dices que sí, todo comienza a cambiar y sonríes con tu vida.

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