Escapar hacia la luz

kz2szhsf-1362435373Seguramente, más de una vez hayas oído hablar sobre el mito de la caverna de Platón. Un grupo de individuos que durante toda su vida había estado condenado a contemplar unas sombras sobre una pared, de forma que para ellos aquello era la realidad. Cuando uno escapa y descubre no solo la luz que provoca estas sombras, sino también el sol y todo lo que hay fuera de la cueva, vuelve para romper las cadenas que ataban los brazos, pies y mentes de sus compañeros.

Que lo contasen en la Antigua Grecia no le ha restado actualidad, y no solo porque todos los años siga siendo el tema de clases de filosofía de bachillerato, sino porque actualmente son muchos los que prefieren colocar grilletes a dejar que el sol broncee la piel de los que no deben ir más allá. Solo que hoy en día ya no hay ni siquiera sombras, ni ilusiones, ni un esmerado teatro que logre confundir los sentidos. En nuestro tiempo es la casualidad, el azar y las coincidencias. Como si no fuésemos capaces de alcanzar una explicación más lograda y convincente, como si realmente pudiésemos aceptar que los sistemas más perfectos son fruto de unas partículas asombrosamente afortunadas que corrieron la misma suerte que otras miles de millones. Y todo el que se atreve levantar la mano, exponer otra respuesta, desafiar las ideas impuestas y argumentar con los razonamientos que ha alcanzado, solo recibe la burla de los que le señalan entre carcajadas el inexplicable azar que desde todos los medios e instancias se les ha transmitido. O, peor aún, se le tacha de reaccionario y se le acusa de atentar contra la libertad del resto de los encadenados, que viven tranquilos sin conocer otra explicación. ¿Pero qué libertad es esa que niega una de las opciones? ¿Cómo podrán elegir la verdad los que solo pueden optar por las posibilidades que otros han sesgado y escogido?

Menospreciar lo que hay más allá de lo que vemos, quitarle importancia y ridiculizarlo no es más que negar la existencia de un campo amplísimo de conocimiento que es tan necesario como la luz para explicar las sombras. Omitirlo es negar a todos la posibilidad de dejar que sus pupilas contemplen el sol y puedan contarlo a los demás, dejar que la fuerza de la verdad rompa las cadenas como ya ha hecho en tantas ocasiones. Pero lo que nunca conseguirá este desprecio a lo sobrenatural es eliminarlo, lograr que no exista, quitarlo de en medio. Estaba antes de que llegáramos, explica cómo surgimos y sigue actuando a cada segundo ahí fuera. Solo pueden hacerte creer que Dios no existe. Solo pueden negarte esa posibilidad y obligarte a no disfrutar de todo lo que a partir de ahí surge. ¿Salimos a la Luz?

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