Dejarse ayudar

136012728363Hay ocasiones en las que cuesta ayudar, descuidar lo tuyo para encargarte de lo de otro, atender lo que estrictamente no te toca, pero que sabes que necesita una mano más. Y hay otras ocasiones en las que cuesta muchísimo más ser tú el que recibas esa otra mano, el que acepte que sus tareas pueden compartirse y pesar menos. ¿Eres de las personas a las que les cuesta decir que sí cuando otros se ofrecen a ayudarles? ¿Alguna vez has renunciado a un apoyo extra que te habría solucionado mucho por no complicar a otros?

  1. Dejarse ayudar no es aprovecharse de los demás: es aceptar que solo no puedes con todo lo que tienes por delante y que necesitas de la generosidad de alguien más para sacarlo adelante.
  2. Si lo que haces beneficiará a otros, en realidad estás haciéndoles un favor mayor: imagina que estás haciendo una campaña para recaudar dinero para una ONG a través de venta de manualidades. Si tú podías fabricar 10 manualidades en una hora, las personas que se sumen multiplicarán esa producción, y con ella la ayuda.
  3. Es reconocer que no podemos lograrlo todo solos: si no, no necesitaríamos ni amigos, ni familia, ni compañeros. Pero si has sido humano durante más de una semana habrás descubierto que hay multitud de cosas que no podemos lograr solos y en las que necesitamos de los demás. Necesitamos, sí, no solamente “nos viene bien”.
  4. Es optimizar tus fuerzas para centrarte en lo que sí tendrás que hacer solo: igual que hay situaciones que obligatoriamente tenemos que compartir con otros, las hay que dependen exclusivamente de nosotros mismos y nadie más nos las puede solucionar. En esas necesitarás estar al máximo, por eso conviene no quemarte cargando con el 100% de las tareas en las que podrías encontrar ayuda.
  5. Y mi razón favorita: recibir ayuda te hace entrar en la dinámica de prestar ayuda a otros. Quizás no sea a la misma persona que te ha ayudado a ti, pero no tardarás en encontrar a alguien más que está mirando alrededor esperando a que alguien se acerque y le acompañe. Experimentar la ayuda de otros nos hace valorar realmente lo que supone y nos lanza a practicar esa misma ayuda con los demás, nos hace generosos, nos abre los ojos a las necesidades de otros que antes quizás pasaban inadvertidas.

Evidentemente, estas razones no justifican a los que se aprovechan siempre de los demás, a los que nunca devuelven la ayuda prestada ni a los que no mueven un dedo porque prefieren ver cómo los demás solucionan sus papeletas. Al contrario: la generosidad de los demás deja en evidencia su egoísmo, por no saber estar a la altura de las personas que les acompañan.

La próxima vez que alguien se ofrezca para echarte una mano, repasa mentalmente estas razones. No te niegues en el primer momento: estoy seguro de que más de una vez ese cable que te ofrecen te hará subir más alto para ayudar desde allí a los que lo necesiten.

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