Presencia

Footprints_on_the_Beach.jpgLos cristianos solo lo somos realmente cuando somos testigos de la Resurrección hagamos lo que hagamos. Testigos alegres del “Dios de mi alegría” que torna la amargura en paz con su presencia. Es la presencia de Dios la que libera a Israel, la que resucita, la que hace obrar milagros (“Porque Dios estaba con Él”). La presencia de Dios es una promesa y una realidad, pero implica también “tenerlo presente”, ser consciente de que Dios está en mi vida, a mi lado, me acompaña: recorre mis caminos, habla con mis interlocutores, se detiene en mis entretenimientos, trabaja en mis tareas.
Por esto puedo estar seguro de que mi trabajo dará frutos, de que llegará a corazones, de que mi vida cumplirá su misión: porque será Dios el que coopere conmigo (o viceversa) y unja cada paso.
Esto es la fe en la Resurrección. Esta es una de sus implicaciones en el siglo XXI: creer que no estoy solo, que todo un Dios se mueve conmigo, me alienta, me envía. El mismo que lanzó a los apóstoles y dio fruto a sus trabajos. Esta es la experiencia de la Pascua. Este es el encuentro que da sentido a todos los encuentros, la Vida que da sentido a mi vida.
Y entonces, cada latido da testimonio de quien lo provoca. Cada paso, de quien me ha enseñado a darlo y me acompaña. Toda la vida del primero que la Vivió hasta el extremo

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