¿Por qué no aceptas los malos momentos?

RainRoom3.jpegTodos los miércoles me propongo escribir una entrada, y casi todos los miércoles la aplazo hasta la próxima vez. Sin embargo, una conversación de Whatsapp anoche y una pequeña lectura esta mañana me ha obligado a contaros lo que me ronda por la cabeza.

La conversación era en realidad una rápida puesta al día con una amiga con la que hacía tiempo que no hablaba. Está en pleno año de cambios y situando nuevas piezas y lecciones en su vida. Algunas de ellas con esos golpes que, en realidad, son los que hacen que se nos quede grabada la enseñanza a fuego. Porque lo que fácil se aprende muchas veces es lo primero que decidimos olvidar, el esfuerzo y el dolor hacen de abogados de todo lo demás. La lectura de esta mañana, en laudes, era la famosa frase de Job: “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar también los males?”. Según parece, tanto unos como otros son dones, “regalos” que Dios pone en nuestra vida.

Evidentemente, no es igual de dulce una situación buena que mala, y no se vive igual con dolor que con tranquilidad. Pero la realidad es que una parte de lo que somos está formada por lo que nos depararon situaciones malas o no tan buenas como las otras. Hay personas que se separaron de nosotros, cosas que aprendimos gracias a darnos de bruces contra la pared, errores que acabaron pasándonos factura… Somos un 75% de agua y también un no sé cuantos por ciento de momentos malos. Lo importante es descubrir que también en los malos momentos se aprende, se crece, se amplía la mente. Alguien que solo ha vivido momentos buenos no ha puesto nunca los pies en la tierra, vive flotando en una nube que está demasiado lejos de la vida. El común de los mortales (quizá por eso de que morir no nos parece algo excesivamente bueno) estamos habituados a sufrir un poco, pero eso no implica que podamos dejar de ser felices. He visto gente que era plenamente feliz aunque tuviese que llorar de vez en cuando por cosas que no salían como él esperaba. Yo mismo he tenido esa sensación más de una vez.

Los años de nuestra vida son un trenzado de momentos buenos y malos, y tanto unos como otros son un don que no merecimos y esconden algo para los que son capaces de descifrarlo. No es masoquismo, sino capacidad de vivir toda la vida, por completo, no solo una parte. No es buscar el dolor, sino aprovecharlo cuando aparece. El error es rechazar lo que traen los momentos malos por evitar el dolor durante un rato, eso es de tener el horizonte demasiado corto y los ojos muy poco acostumbrados a ver más allá.

¿Cuánto te han enseñado tus momentos malos? ¿Por cuántas lecciones estás hoy agradecido a ellos? ¿Cómo los afrontas cuando llegan?

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