Ha llegado el momento

611x458.jpgEl momento está cerca. Ha llegado la hora de cumplir la misión para la que hemos nacido, de librar la batalla a muerte propia donde nos jugamos la vida; de aceptar, hasta el final del via crucis, que somos cristianos y queremos vivir como tales.

Ha llegado el momento, un año más, y ojalá el último que nos sorprende distraídos, dispersos en tantas cosas, con los ojos atentos a demasiados asuntos demasiado poco importantes. Ojalá escuchemos desde hoy mismo que nuestro corazón desea ardientemente comer esta Pascua, como el Suyo; que está dispuesto a entregarse, siguiendo las huellas de aquel que inauguró el abajarse; que quiere ser fiel y olvidar tantas negociaciones, con Su mirada que curaba, amaba y prometía el Paraíso; que quiere proclamar, con la vida más que con las palabras, que la muerte  ha perdido el último turno y Jesucristo, resucitando, ha escrito la primera línea de una Historia interminable.

Ha llegado el momento de soltar los cerrojos, deshacerse del lastre, rechazar lo que nos entibia y subir hasta la cumbre del Calvario. No por masoquismo o afán de dolor, sino porque allí, en un hombre (que es el Hombre), Dios mismo nos muestra nuestro verdadero sentido: morir en lugar de matar, servir en lugar de ostentar, comprometerse en lugar de observar… amar en lugar de sobrevivir.

Cuando da las instrucciones a los discípulos para la Última Cena, Jesús les indica que al dueño de la casa deben decir: “El Maestro dice: mi momento está cerca” Mt 26

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Luz y chispas

Diseño sin título (6).pngLa luz puede ser una chispa, una ráfaga, un flash, una explosión, un deslumbramiento, un destello, un titilar intermitente. Puede ser un rayo que inunda de claridad el camino pero es tan breve que es casi imperceptible. Se puede intentar caminar con estas luces, pero se tropieza, se cae y no se aprecia ni siquiera el camino que atravesamos.

Pero la luz también puede ser farol, lámpara o candil. Puede ser hoguera, hogar, antorcha. También son luces las farolas, los faros, las linternas, las bombillas… y ellas sí permiten caminar, sin riesgo, no traicionan, no esconden más que muestran, no se alían con la oscuridad. Algunas, incluso, calientan en medio de la tempestad física o espiritual.

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas”. El que apuesta por una Luz en medio de los fogonazos y las ráfagas. El que se aferra a un simple haz de Luz que, aunque sea costoso y a veces parezca casi insuficiente, asegura más pasos que la intermitente claridad de los sucedáneos. El que solo pone el corazón a la luz del faro seguro, y no deja que lo quemen las intensas, efímeras y atractivas chispas de las tinieblas.

Toma tu camilla

6014.jpgToma tu camilla
Echa andar, pero no te separes de ella.
No la abandones en un rincón entre tantas otras cosas
que acumulas y olvidas.

Es la prueba y el recuerdo de lo que he hecho en ti,
pero también el instrumento necesario
para recoger a tantos paralíticos que esperan por el camino
una vida capaz de recogerles y llevarlos ante Mí.

Yo te prometo el valor suficiente para no desanimarte,
y la fuerza para cargar con ella,
cargada de infidelidades, egoísmos, errores y algún éxito;
todo ello bajo el amarillento maquillaje del pasado.

¿Acaso no lo ves? Los médicos son sanos que fueron enfermos,
y los pecadores, santos que aceptaron curarse.
Abre tus oídos y escucha tantas historias
que tiempo atrás pudieron ser las tuyas,
y ahora son la tierra donde debes mostrar
que nada es imposible para Mí.


“Levántate, toma tu camilla y echa a andar” (Jn 5, 8) es una invitación a usar el propio pasado como pista de despegue propia y de otros; a no avergonzarse de lo que fuimos, sino de lo que Dios ha sido capaz de hacer con nosotros después; a amar nuestras cicatrices, porque solo gracias a ellas podemos amar mejor a los que encontramos hoy. Sin instalarse en ellas, pero sin olvidarse de que fue allí donde encontramos a Dios cómo y cuando lo necesitábamos. 

¿Cómo miraríamos nuestro pasado, nuestras camillas, si reconociésemos en ellas una historia de salvación para ser compartida?

Preguntas con mucho en juego

imagenes-con-frases-716x479El Dios en el que crees se descubre en la forma en la que tratas al que está frente a ti. La religión es lo más abstracto expresándose en lo más concreto: la relación e imagen de Dios mostrándose en la mirada que diriges a quien sabes que tiempo atrás te hizo sufrir. Jesús en este domingo despierta las conciencias que se acallaban con corresponder a los amigos y bienhechores, acaba con la hipocresía de los que solo son creyentes hacia arriba y no en horizontal: ¡Basta ya de profesar solo con los labios y no con las manos, o de ofender con los mismos labios que en otras ocasiones intentan alabar! ¿Acaso no hemos sido llamados a ser testigos del amor que Dios tiene a todos? ¿O es que no acabamos de reconocer realmente a Dios como nuestro dios, y no aceptamos lo que dice acerca de amar, acoger, admitir, no juzgar, perdonar…? ¿No será que solo concedemos a Dios un espacio muy justo y no le damos vía libre dentro de nosotros para atar y desatar? Escribo esta entrada encadenando preguntas porque las lecturas de este domingo no me han dejado palabras para replicar. Para nada se trata de una lección desde la perfección personal ni nada semejante, sino de la reflexión que brota desde la conciencia de que yo también soy infiel a ese Dios que pide amar a los enemigos, no odiar al semejante y descubrir (y nunca destruir) el templo de Dios que es cada hermano. ¿Será porque nos hemos acostumbrado a amar solo en parte, a odiar en la otra mitad y a descubrir solo lo que nos interesa, lo que podemos controlar, lo que nos reporta beneficios? ¿Será que consideramos perder el tiempo todo lo que sea responder con amor al odio, con generosidad al interés, con corazón a la frialdad…? ¿Será que se nos ha olvidado que solo el calor puede derretir el hielo y hemos aceptado tácitamente permanecer parados en lugar de hacer la revolución para la que fuimos llamados? ¿Será que se nos ha olvidado los momentos en que sentimos un Amor más fuerte que nuestros errores y nuestras caídas? ¿Será que se nos ha pasado por alto vivir como pueblo de la Cruz: apuntando desde el suelo hacia Dios, pero también en horizontal hacia todos los que recorren el mundo y la historia con nosotros? ¿Será que hemos olvidado cuál es nuestra fuerza principal para vivir?

Hay pasajes que no precisan glosas ni comentarios. Que se bastan por sí solos y los intérpretes solo pueden reforzar y actualizar. El de Mt 5 es claro: “Yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal (…). De este modo seréis dignos hijos de vuestro Padre celestial”. En juego, el plan de Dios para un mundo que eligió unilateralmente alejarse y al que no cesa de llamar por medio de rostros concretos. ¿Qué futuro espera a un mundo en el que esos rostros olvidan su vocación? ¿Qué milagro se obra por medio de la venganza, el rencor, la sal en las heridas, la indiferencia…? ¿Cuántas puertas quedarán abiertas si no aceptamos definitivamente hacer vida el mandamiento del amor? ¿Cuántas ocasiones dejamos pasar cada día de dar una respuesta a la altura de lo que se espera de nosotros?

Es tiempo de convertir las heridas, las diferencias, las rupturas, los roces… en ocasiones de testimonio. ¿O es que no confiamos del todo en la fuerza de vivir como Dios nos pide?

Soy luz

Alla_Rogashko.jpgSoy luz cuando ayudo a otros a ser más humanos, cuando rompo las barreras, cuando tiendo mis manos, cuando hablo desde el corazón.
Soy luz cuando no permito que se apague la pequeña llama que hay en otros, cuando comparto lo que me hace arder sin consumirme.
Soy luz cuando me enfrento a lo que oscurece vidas, lugares, situaciones… cuando mi vida es testimonio de que se puede.
Soy luz cuando dejo llenar mi lámpara, cuando aprendo a alumbrar de otros, cuando recorro el camino que ellos dejaron alumbrado.
Soy luz cuando alguien puede dar un paso gracias a mi claridad, aunque nunca yo pueda saberlo ni decírselo a nadie.
Soy luz cuando no me escondo, cuando dejo brotar libremente la llama que hay en mí para que alumbre a todos, sin distinción.
Soy luz cuando resisto al viento que hace temblar mi pábilo vacilante. .
Soy luz cuando recogen mis ascuas del suelo y me dejo colocar de nuevo en el candelero.
Soy luz cuando reconozco que no soy yo el que alumbra.
Soy luz cuando devuelvo toda la luz que he recibido, y la que me han dado para cada momento.
Soy luz cuando no rechazo acercar mi antorcha a quien sufre el frío, cuando recuerdo que no alumbraré eternamente y entonces recordaré las ocasiones en que me la he guardado.
Seré luz cuando devuelva mi lámpara, marcada y quemada, a quien me la entregó. Entonces, como ahora, brillará mi cara ante la Luz y comprenderé que todo ha servido para el bien. Será él quien ilumine los caminos que yo recorrí siendo luz.

“Vosotros sois la luz del mundo. No puede ser ocultada una ciudad presente en lo alto de un monte. Tampoco encienden una lámpara y la colocan debajo del cajón, sino sobre el candelero y alumbra a todos los de la casa. Alumbre de este modo vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre en los cielos” Mt 5, 14-16

¡Sed felices!

o-summer-happy-kid-facebookEl Evangelio de este domingo habla de la fe, de la religión, en unos términos muy contrarios a los que llenan nuestra sociedad. Habla de felicidad, de estilo de vida, de vidas llenas, de recompensas aquí y más allá… de todo lo que llena programas, libros de autoayuda, cuentas en redes sociales y un largo etcétera de “productos” psicológicos en los que cada vez más se busca esa receta para la felicidad que el hombre ha nacido programado para alcanzar y que parece estar cada vez más convencido de que es difícil de encontrar.

El texto de hoy es un canto de esperanza, de ánimo para los que se han desesperado en el camino de encontrarla, de los que creen que por la situación que viven han sido privados de esa felicidad que solo está al alcance de unos pocos. Es un grito a las conciencias de los que tienen de sobra y aun así están vacíos por dentro, y una mirada elogiosa hacia los que, contando con poco, y sin conformarse con sus condiciones de vida, proclaman con su alegría la victoria de los sencillos, los humildes, los que viven preocupados por la vida y no por lo material ni lo efímero. Las bienaventuranzas son la declaración de derechos y deberes de los que quieren de verdad vivir en paz y tranquilidad: derecho a perdonar, a mirar con un corazón limpio, a estar triste y ser consolado, a construir la paz, a ser llamados hijos de Dios y hacer su voluntad… Es el regalo del Dios que quiere que su obra maestra no siga buscando sin éxito su felicidad y comience, por fin, a vivir aquello para lo que fue creada.

Y, ¡sorpresa! No dice nada que pueda sonar opresor, pues el verdadero Evangelio es un canto a la libertad. No se puede hablar de una felicidad que somete, pues el primer requisito para ser feliz es ser libre para poder elegir serlo:

para poder rechazar el casi inconsciente espíritu de materialismo y consumismo, el tanto tienes, tanto vales, y comenzar a vivir solo con lo que necesitamos para que otros puedan hacer lo mismo;

para tener el valor de reconocer nuestra tristeza, nuestra limitación, nuestros fracasos, y estar así en condiciones de esperar unas palabras de consuelo y unas manos que sequen o compartan nuestras lágrimas;

para elegir no escalar ni trepar, no aparentar para ser el primero, sino escoger la sinceridad y la verdad de lo que somos y tenemos;

para comprometernos hasta el fondo con nuestra fe, con lo que nos pide y con los que necesitan que la vivamos de una vez por todas de verdad;

para perdonar y olvidar, y librarnos de una vez de las pesadas cargas que el rencor coloca en nuestra vida; para poder devolver a nuestros ojos la limpieza, las miradas sin juicios, el valor infinito de cada persona que se acerca y de cada momento compartido;

para remar contracorriente construyendo la paz con cada uno de nuestros gestos y palabras, y no con grandes declaraciones, tuits o proclamas que se nos olvidan ante los que tenemos más cerca;

para aceptar ser perseguidos, señalados, etiquetados por defender lo que de verdad creemos, sin tener que guardar silencio por el miedo al qué dirán;

para poder ser, al fin, felices como queremos, y como parece que aún no nos hemos atrevido a ser de verdad. Es tiempo de demostrar que se puede.


Bienaventuranzas (Mt 5) (más…)

Adviento de Palabra

cropped-estudiando-bibliaEl Adviento es un tiempo para vivirse al compás de la Palabra que anhelamos. Es la palabra que “congregará a las naciones y las instruirá”. Esta palabra es la “luz del Señor” que señala los caminos y enseña a recorrerlos. El guía privilegiado para caminar por donde Dios quiere. Es la regla que mide nuestras vidas y nos hace salir al descampado de la Tierra Sagrada, donde estamos descalzos y no tenemos nada para defendernos de la espada de doble filo con la que Dios contrasta nuestros días con sus sueños.

Una sola palabra basta para curar al criado del centurión. “Voy yo a curarlo”, acababa de decirle Jesús ante su petición desesperada. También hoy sigue insistiendo en ir a curar a los enfermos y heridos que reclaman su misericordia. Ojalá en este Adviento redescubramos la vocación a entrar en su nombre en las casas y corazones doloridos y a sanar con su Palabra y sus sacramentos. Gracias a los que han respondido “sí” a la Palabra para sus vidas, Dios sigue sentándose a la mesa.