El amor verdadero es solo el primero

montaña escalador.jpgEl frío del amor primero es la prueba de que no nos bastamos solos, de que la vida no depende de nosotros, de que no vivimos para nosotros mismos.

Es la oportunidad de renacer, de recargar el aceite en la Lámpara, aceite que no se hiele como esa insípida agua con que tantas veces intentamos calmar nuestra sed.

Es el grito de Dios enamorado, que nos repite que nos pensó y amó tanto que no podemos conformarnos con menos que arder, vivir, llenar el corazón que, intencionadamente, hizo grande.

Es la prueba de que el amor primero nunca puede ser recuerdo, sino vida; de que no puede añorarse, sino actualizarse; de que nunca podremos agotarlo, porque no lo encendimos nosotros. Y si se vuelve recuerdo, añoranza o, simplemente, vacila, no será él lo que muera, sino nosotros, que estaremos de nuevo en el instante en que nos jugamos la vida: vivir fieles o adormecernos cómodos, poner pasión o pasar a segunda fila, saltar de nuevo y más lejos o instalarse a un lado de la vida.

Porque el amor primero es la columna de fuego, y cuando parece enfriarse es porque va por delante y nos pide salir hacia allí una vez más. Pide fidelidad. Pide vivir en un amén constante, que no es lo estático del “que así sea”, sino la permanente novedad del “que así se haga en mí”.

 

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Preguntas con mucho en juego

imagenes-con-frases-716x479El Dios en el que crees se descubre en la forma en la que tratas al que está frente a ti. La religión es lo más abstracto expresándose en lo más concreto: la relación e imagen de Dios mostrándose en la mirada que diriges a quien sabes que tiempo atrás te hizo sufrir. Jesús en este domingo despierta las conciencias que se acallaban con corresponder a los amigos y bienhechores, acaba con la hipocresía de los que solo son creyentes hacia arriba y no en horizontal: ¡Basta ya de profesar solo con los labios y no con las manos, o de ofender con los mismos labios que en otras ocasiones intentan alabar! ¿Acaso no hemos sido llamados a ser testigos del amor que Dios tiene a todos? ¿O es que no acabamos de reconocer realmente a Dios como nuestro dios, y no aceptamos lo que dice acerca de amar, acoger, admitir, no juzgar, perdonar…? ¿No será que solo concedemos a Dios un espacio muy justo y no le damos vía libre dentro de nosotros para atar y desatar? Escribo esta entrada encadenando preguntas porque las lecturas de este domingo no me han dejado palabras para replicar. Para nada se trata de una lección desde la perfección personal ni nada semejante, sino de la reflexión que brota desde la conciencia de que yo también soy infiel a ese Dios que pide amar a los enemigos, no odiar al semejante y descubrir (y nunca destruir) el templo de Dios que es cada hermano. ¿Será porque nos hemos acostumbrado a amar solo en parte, a odiar en la otra mitad y a descubrir solo lo que nos interesa, lo que podemos controlar, lo que nos reporta beneficios? ¿Será que consideramos perder el tiempo todo lo que sea responder con amor al odio, con generosidad al interés, con corazón a la frialdad…? ¿Será que se nos ha olvidado que solo el calor puede derretir el hielo y hemos aceptado tácitamente permanecer parados en lugar de hacer la revolución para la que fuimos llamados? ¿Será que se nos ha olvidado los momentos en que sentimos un Amor más fuerte que nuestros errores y nuestras caídas? ¿Será que se nos ha pasado por alto vivir como pueblo de la Cruz: apuntando desde el suelo hacia Dios, pero también en horizontal hacia todos los que recorren el mundo y la historia con nosotros? ¿Será que hemos olvidado cuál es nuestra fuerza principal para vivir?

Hay pasajes que no precisan glosas ni comentarios. Que se bastan por sí solos y los intérpretes solo pueden reforzar y actualizar. El de Mt 5 es claro: “Yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal (…). De este modo seréis dignos hijos de vuestro Padre celestial”. En juego, el plan de Dios para un mundo que eligió unilateralmente alejarse y al que no cesa de llamar por medio de rostros concretos. ¿Qué futuro espera a un mundo en el que esos rostros olvidan su vocación? ¿Qué milagro se obra por medio de la venganza, el rencor, la sal en las heridas, la indiferencia…? ¿Cuántas puertas quedarán abiertas si no aceptamos definitivamente hacer vida el mandamiento del amor? ¿Cuántas ocasiones dejamos pasar cada día de dar una respuesta a la altura de lo que se espera de nosotros?

Es tiempo de convertir las heridas, las diferencias, las rupturas, los roces… en ocasiones de testimonio. ¿O es que no confiamos del todo en la fuerza de vivir como Dios nos pide?

Presencia

Footprints_on_the_Beach.jpgLos cristianos solo lo somos realmente cuando somos testigos de la Resurrección hagamos lo que hagamos. Testigos alegres del “Dios de mi alegría” que torna la amargura en paz con su presencia. Es la presencia de Dios la que libera a Israel, la que resucita, la que hace obrar milagros (“Porque Dios estaba con Él”). La presencia de Dios es una promesa y una realidad, pero implica también “tenerlo presente”, ser consciente de que Dios está en mi vida, a mi lado, me acompaña: recorre mis caminos, habla con mis interlocutores, se detiene en mis entretenimientos, trabaja en mis tareas.
Por esto puedo estar seguro de que mi trabajo dará frutos, de que llegará a corazones, de que mi vida cumplirá su misión: porque será Dios el que coopere conmigo (o viceversa) y unja cada paso.
Esto es la fe en la Resurrección. Esta es una de sus implicaciones en el siglo XXI: creer que no estoy solo, que todo un Dios se mueve conmigo, me alienta, me envía. El mismo que lanzó a los apóstoles y dio fruto a sus trabajos. Esta es la experiencia de la Pascua. Este es el encuentro que da sentido a todos los encuentros, la Vida que da sentido a mi vida.
Y entonces, cada latido da testimonio de quien lo provoca. Cada paso, de quien me ha enseñado a darlo y me acompaña. Toda la vida del primero que la Vivió hasta el extremo

Este es nuestro símbolo

Los que me conocen saben que siempre llevo una cruz al cuello. Casi siempre es la misma, y de vez en cuando acusa la continua exposición a la intemperie, al sol, al viento, alguna vez a la lluvia y más de una y dos veces al cariño de quienes se la han encontrado en un momento difícil y no se han cortado a la hora de abrazarla entre sus dedos y utilizarla para una oración. Hace unos años decidí que quería que fuese uno de los símbolos que me identificase, y desde entonces dejé de guardarla debajo de la camiseta. Su sentido completo os lo contaré en otra entrada, lo prometo.

Quería que me identificase la imagen de aquellos dos maderos cruzados con un Dios clavado en ellos porque es de los símbolos más conocidos internacionalmente, nadie dudaría de que detrás de aquel crucifijo se escondía un cristiano, con sus errores, a veces demasiados, pero que buscaba transparentar con su vida lo que aquel signo anunciaba. Sabía que era una forma de contar lo que me movía por dentro sin buscar una forma tan complicada como poco comprensible. Y me ha dado resultado, en los casi cuatro años que lleva conmigo, pocos han sido los que la han visto y no han sabido lo que significaba (o al menos, lo han expresado en voz alta).

Pero, ¿es nuestro símbolo solo porque hace casi dos mil años de una Cruz arrancó una historia que nunca terminará? ¿Es solo una historia del pasado que sigue vigente hoy en día? Estoy convencido de lo contrario: de que mi cruz, su Cruz y las de todos los que la llevan como cristianos tienen el mismo significado: la entrega. La de hace veinte siglos y la de cada día. La de preferir la vida de los amigos a la propia, y la de preferir el peor sitio para que otros tengan uno. La de “perdónalos porque no saben lo que hacen”, y la de amar a los que no comprenden el porqué das la vida y eliges no casarte ni dormir hasta las dos del mediodía un domingo.

La entrega es lo que nos hace cristianos, y por eso la cruz es nuestro símbolo. Para que no solo esta sea de los signos más reconocidos mundialmente, sino que también el servicio gratuito, el amar lo suficiente como para preferir lo mejor incluso para alguien que no conoces de nada, se convierta en un emblema que permita a quien lo vea saber que Alguien mueve nuestro corazón y nuestras manos. ¿O alguno de nosotros puede considerarse superior a otro para no estar disponible para él? El tiempo acaba enseñando que la mejor inversión es la que se hace dándola a otros, y que nada mejor puede invertirse que la vida entera.

“Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13. 15)

Hablar desde dentro

8b562c5fe5398e9bd8e124f78f3e294fAyer fue el cumpleaños de una amiga. Como siempre, me puse delante del teléfono a intentar traspasar todo lo que significaba su amistad para mí y así poder componer una felicitación que sirviese de regalo para alguien que está a demasiados kilómetros como para poder celebrarlo personalmente. El texto, conforme sumaba palabras, se va plagando de conceptos abstractos: “amistad”, “profundo”, “corazón”, “confianza”, “gracias”… y a cada uno de estos que se suma, el sentimiento que va escondido en él, el que intenta designar sin que las palabras lleguen a portarlo del todo.

Esta situación no puede sonarnos extraña a ninguno. A menudo escribimos este tipo de mensajes bien por Whatsapp, correo electrónico, Twitter, Facebook o algún medio más convencional. Cuanto más tratamos con una persona, más invadimos el campo de los términos abstractos, de los profundos, y nos damos cuenta de que pisamos en un terreno en el que lo que decimos no es verificable, ha perdido las posibilidades de comprobación que tiene lo concreto. ¿Y acaso esto ha de detenernos? Por supuesto que no. Este es el punto que aumenta todo el valor que estas palabras tienen: que aunque no pueden probarse materialmente, son tan verdaderas como las demás. Es el poder de un “te quiero” pronunciado con el ritmo del corazón, dejando que sean sus latidos los que modulan el sonido, y no solo las cuerdas vocales. Uno de esos que cuando se reciben parecen ser imparables, imposibles de detener por nada ni nadie.

Sin embargo, en este campo de los abstractos hay una trampa. Si no puede demostrarse, mentir puede convertirse en una opción para los que no valoren lo suficiente a la persona a la que se los dirigen. En ese caso, son palabras vacías, simples letras que no llevan a ningún sitio más allá de la mentira, y donde esta habita, lo hace también la decepción, el desengaño y la tristeza. Es el caso de los que utilizan un “te quiero” o cualquier halago con una facilidad que evidencia que no hay nada sosteniéndolo, los que se han acostumbrado a utilizarlos hasta tal punto que no recuerdan lo que significan, ni lo sienten cuando lo dicen ni pueden entenderlo cuando lo escuchan, y esta es la mayor tristeza que sufren.

Las palabras profundas son las que embellecen de verdad a un idioma, las que permiten que los simples caracteres lleguen hasta el corazón, las que se cuelan en ese punto donde se empieza a sentir. De cómo las uses dependerá cómo hagas sentir. Si escoges utilizarlas cuando tienen sentido, si no juegas con ellas, estoy seguro de que sonreirás más de una vez cuando te las dirijan, te estarás convirtiendo en uno de los que ellas buscan para designar.

Hay una frase que quiero que escuches

Descargar Fondos de pantalla Dia de san valentin (11)Hay frases que toda persona debería poder escuchar al menos una vez en su vida. Palabras que el corazón necesita para que sus latidos tengan un ritmo que no sea el de una monótona supervivencia, el de otro día más aquí, el del cansancio. Tienen fuerza, y sobre todo transmiten esa fuerza, porque cuando son pronunciadas con sinceridad, cuando lo único que hacen es traducir a un lenguaje lo que se está viviendo por dentro, son capaces de transformar toda una vida y darla sentimientos que nunca creyó que fuese posible alcanzar.

La frase que quiero que tú escuches, y que algún día puedas pronunciar también, es simple: “Me amó y se entregó por mí”, personalizada, sintiendo que en ese “mí” está lo que eres, toda tu vida, tus éxitos, tus caminos, tus errores, tus experiencias. Quiero que puedas mover los labios aunque solo sea para susurrarla, que algún día puedas hacerlo porque has comprendido que amar es mucho más que cuatro letras y una definición en el diccionario. Ojalá llegue pronto el día, porque la entrega ya está hecha, hace mucho tiempo que Alguien creyó en ti y eligió dar hasta la última gota de vida para que la tuya no encontrase ningún obstáculo insuperable. Te amó, y te ama. Te quiso de la misma manera que pido que algún día sientas que alguien te quiere: hasta saber que tu vida es más valiosa que la suya y que no merece la pena guardarse nada si es el precio de tu felicidad. Imagina lo que es tener alguien así.

Y pido todo esto porque quiero que experimentes una felicidad con la que quizás nunca te hayas parado a pensar. Porque sé que es para ti, que también tú tienes ese derecho y nada debería impedirte poder sentir que el amor no tiene límites porque los ha traspasado todos. Da el paso y acércate, entrega tú una pequeña parte de tu tiempo al que entregó absolutamente toda su vida, al que murió por ti para que vayas más allá de un vivir en minúsculas. Si lo más importante es el interior, y lo más importante del interior es el amor, ¿Te vas a quedar a medias?

¿Vives?

heartLo tenemos todos en común, y por desgracia no nos ocupamos de ello. Invertimos cientos de horas en cosas mucho menos necesarias, entretenimientos y cuestiones que no contribuyen a saciar la sed que llevamos dentro. Cuando nacimos, comenzamos a sentir, y desde entonces toda nuestra vida ha estado marcada por esos “me gusta”, “quiero”, “necesito”… Un día, en que comenzará la historia más inolvidable de cuantas vivamos, diremos “te amo” a alguien, y entonces descubriremos la fuerza que tiene ese corazón que es más que una caja de resonancia de los latidos que certifican que seguimos con vida. En realidad es quien nos da vida cada vez que lo utilizamos para algo más que para bombear sangre.

Compartimos una sed dentro de nosotros que nos mueve a buscar el cariño sincero, el sentimiento de verdad. De nada sirven los sucedáneos que la calman durante un tiempo pero que no evitan que regrese más fuerte al cabo de un tiempo. Es sed de amor, y cuando lo que le damos no es amor, solo conseguimos que aumente y se agrave. Algunos dicen que han conseguido olvidarla y que viven sin sentirla, pero en realidad lo que han perdido son las fuentes, han dejado de recibir cariño, han pasado a vivir alejados de él y ahora ya solo queda soledad, plagada de caricias y besos, pero que se quedan en la superficie, no consiguen calar por dentro, no alivian la soledad que cada día es más grande y acaba imponiéndose.

Si la vida, lo más preciado que poseemos, depende tanto del corazón, es porque en él se encuentra lo más fundamental para que pueda disfrutarse. De cómo sintamos dependerá el sentido que les demos a nuestros días: serán una espera del final, un sobrevivir esperando el fin de semana, o una continua sonrisa. Es cuestión de elegir entre comprometerse con lo que llevamos dentro o conformarse con una interminable sucesión de insatisfacciones, felicidades incompletas y placeres vacíos. Es la diferencia entre quien besa a quien ama y quien solo engaña tristemente su soledad. Es seguir el ritmo de nuestros latidos y, solo así, vivir.