Ha llegado el momento

611x458.jpgEl momento está cerca. Ha llegado la hora de cumplir la misión para la que hemos nacido, de librar la batalla a muerte propia donde nos jugamos la vida; de aceptar, hasta el final del via crucis, que somos cristianos y queremos vivir como tales.

Ha llegado el momento, un año más, y ojalá el último que nos sorprende distraídos, dispersos en tantas cosas, con los ojos atentos a demasiados asuntos demasiado poco importantes. Ojalá escuchemos desde hoy mismo que nuestro corazón desea ardientemente comer esta Pascua, como el Suyo; que está dispuesto a entregarse, siguiendo las huellas de aquel que inauguró el abajarse; que quiere ser fiel y olvidar tantas negociaciones, con Su mirada que curaba, amaba y prometía el Paraíso; que quiere proclamar, con la vida más que con las palabras, que la muerte  ha perdido el último turno y Jesucristo, resucitando, ha escrito la primera línea de una Historia interminable.

Ha llegado el momento de soltar los cerrojos, deshacerse del lastre, rechazar lo que nos entibia y subir hasta la cumbre del Calvario. No por masoquismo o afán de dolor, sino porque allí, en un hombre (que es el Hombre), Dios mismo nos muestra nuestro verdadero sentido: morir en lugar de matar, servir en lugar de ostentar, comprometerse en lugar de observar… amar en lugar de sobrevivir.

Cuando da las instrucciones a los discípulos para la Última Cena, Jesús les indica que al dueño de la casa deben decir: “El Maestro dice: mi momento está cerca” Mt 26

Este es nuestro símbolo

Los que me conocen saben que siempre llevo una cruz al cuello. Casi siempre es la misma, y de vez en cuando acusa la continua exposición a la intemperie, al sol, al viento, alguna vez a la lluvia y más de una y dos veces al cariño de quienes se la han encontrado en un momento difícil y no se han cortado a la hora de abrazarla entre sus dedos y utilizarla para una oración. Hace unos años decidí que quería que fuese uno de los símbolos que me identificase, y desde entonces dejé de guardarla debajo de la camiseta. Su sentido completo os lo contaré en otra entrada, lo prometo.

Quería que me identificase la imagen de aquellos dos maderos cruzados con un Dios clavado en ellos porque es de los símbolos más conocidos internacionalmente, nadie dudaría de que detrás de aquel crucifijo se escondía un cristiano, con sus errores, a veces demasiados, pero que buscaba transparentar con su vida lo que aquel signo anunciaba. Sabía que era una forma de contar lo que me movía por dentro sin buscar una forma tan complicada como poco comprensible. Y me ha dado resultado, en los casi cuatro años que lleva conmigo, pocos han sido los que la han visto y no han sabido lo que significaba (o al menos, lo han expresado en voz alta).

Pero, ¿es nuestro símbolo solo porque hace casi dos mil años de una Cruz arrancó una historia que nunca terminará? ¿Es solo una historia del pasado que sigue vigente hoy en día? Estoy convencido de lo contrario: de que mi cruz, su Cruz y las de todos los que la llevan como cristianos tienen el mismo significado: la entrega. La de hace veinte siglos y la de cada día. La de preferir la vida de los amigos a la propia, y la de preferir el peor sitio para que otros tengan uno. La de “perdónalos porque no saben lo que hacen”, y la de amar a los que no comprenden el porqué das la vida y eliges no casarte ni dormir hasta las dos del mediodía un domingo.

La entrega es lo que nos hace cristianos, y por eso la cruz es nuestro símbolo. Para que no solo esta sea de los signos más reconocidos mundialmente, sino que también el servicio gratuito, el amar lo suficiente como para preferir lo mejor incluso para alguien que no conoces de nada, se convierta en un emblema que permita a quien lo vea saber que Alguien mueve nuestro corazón y nuestras manos. ¿O alguno de nosotros puede considerarse superior a otro para no estar disponible para él? El tiempo acaba enseñando que la mejor inversión es la que se hace dándola a otros, y que nada mejor puede invertirse que la vida entera.

“Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13. 15)