Necesitamos más radicales

centro-amigo-web-796x448.jpgLos radicales que el mundo necesita son
los de la misericordia entrañable y entrañada,
los del perdón inagotable,
los de la mirada profunda,
los del acompañamiento al ritmo,
los de la exigencia y la compasión,
los de la mano incansable,
los de la Palabra y no las palabras,
los del tiempo compartido a fondo perdido,
los que no tienen más interés que quien está ante ellos en cada momento,
los que piden pero dan,
los que nunca se agotan porque comparten lo que no se acaba,
los que se acuestan cansados pero con el día lleno de caras, nombres e historias,
los que son puentes y no muros,
los que prestan sus alas para que otros vuelen,
y sus gafas para que otros vean,
y sus pies para que otros caminen,
y sus sueños para hacer realidad el de Dios.

Estos son los verdaderos radicales, los auténticos fundamentalistas que han descubierto el fundamento de la fe: el Amor que es Dios apasionado por cada hombre, especialmente por los que no saben cómo llamarlo o lo han olvidad por el camino.

Radicales sin razones, sin más razones que el Amor en persona.

Enviados a reconciliar – Día del Seminario 2016

Ccex7cmWAAEvkGtCada mes de marzo, en torno al 19, la Iglesia celebra el Día del Seminario: 24 horas para mirar a las casas que forman, educan y modelan el corazón de cada uno de los que se ofrecen a Dios para servirle en los hermanos. Esta jornada va siempre acompañada de un lema que marca el tono en el que se desarrollará. El de este año, “Enviados a reconciliar”, me pareció acertadísimo desde el primer día en que lo leí, cuando el cartel comenzaba a filtrarse por la Red. Os cuento por qué:

  • Enviados: el que va como enviado, va de parte de alguien; en este caso, cada sacerdote es un enviado de Dios, es Él mismo en persona el que lo manda a alguien que estima lo suficiente como para dedicarle una persona a su servicio: al mundo y a la Iglesia, a cada uno de los bautizados, sean practicantes o no; incluso a los que no se han acercado todavía a ningún sacramento. El enviado actúa siempre con la autoridad del que lo envía, lo representa en los múltiples sitios en los que ha preferido no estar cien por cien presente. Y para esto necesita una formación y unas cualidades: algunas están en él desde su nacimiento, otras se van adquiriendo, así se entiende que haya que cuidar tanto los Seminarios: son el horno del que depende en gran medida la temperatura de la fe del pueblo.
  • A: es un pequeño detalle, casi inapreciable como palabra, pero una vez más son las cosas pequeñas las que dicen mucho. Nadie es enviado a nada, siempre hay una misión, un motivo, algo por lo que ponerse en marcha. La de este lema es el sentido del envío, el porqué; que pasa a convertirse en el sentido de toda la vida, porque es imposible entregarse guardándote una parte de ti mismo. La vocación da sentido a todo lo que pongas delante, a todo lo que no quieras reservarte para ti solo.
  • Reconciliar: es compartir la misma vocación de Jesús, la que vemos en el Evangelio de este domingo (la mujer que iba a ser lapidada). El gran plan de Dios para el mundo no es otro que este: reconciliarlo consigo mismo sin pedirle cuenta de los pecados. Para esto el éxodo, los profetas, la Cruz, el Espíritu Santo, los sacramentos, la Iglesia… Ser sacerdote es sumar tus manos a este proyecto, reconciliando a cada persona sanando sus heridas, ofreciéndole una verdad que le ayude en medio del relativismo que dificulta la unidad; reconciliando al mundo siendo el nudo que Dios hace para unir vidas, grupos, parejas, familias divididas… Reconciliar a todos con Dios, por el sacramento del perdón, que es un regalo que nunca merecimos y que nunca agotaremos.

Si crees que tu vida está llamada a dejar huella, y realmente quieres que esa no se borre, escríbela dentro de otros. Los sacerdotes no brillan porque trabajan con lo invisible: con la esperanza, la alegría, el corazón, las heridas interiores… con lo importante, que no siempre es lo que pueden captar los ojos, como pasa con Dios.

En este Día del Seminario puedo asegurártelo con 3 años de experiencia ya: merece la pena entregar la vida para que muchos la ganen gracias a ti; merece la pena colaborar mano a mano con Dios, porque así nunca se acaban las fuerzas; merece la pena dar el paso aunque haya dudas; merece la vida querer ser enviado a reconciliar.

Extra: ¿Quieres saber cómo llegué hasta el Seminario? Puedes leer mi testimonio en la página de GivenFaith: http://givenfaith.com/2016/03/11/un-regalo-de-dios/ ¡Y compartirlo!

Este es nuestro símbolo

Los que me conocen saben que siempre llevo una cruz al cuello. Casi siempre es la misma, y de vez en cuando acusa la continua exposición a la intemperie, al sol, al viento, alguna vez a la lluvia y más de una y dos veces al cariño de quienes se la han encontrado en un momento difícil y no se han cortado a la hora de abrazarla entre sus dedos y utilizarla para una oración. Hace unos años decidí que quería que fuese uno de los símbolos que me identificase, y desde entonces dejé de guardarla debajo de la camiseta. Su sentido completo os lo contaré en otra entrada, lo prometo.

Quería que me identificase la imagen de aquellos dos maderos cruzados con un Dios clavado en ellos porque es de los símbolos más conocidos internacionalmente, nadie dudaría de que detrás de aquel crucifijo se escondía un cristiano, con sus errores, a veces demasiados, pero que buscaba transparentar con su vida lo que aquel signo anunciaba. Sabía que era una forma de contar lo que me movía por dentro sin buscar una forma tan complicada como poco comprensible. Y me ha dado resultado, en los casi cuatro años que lleva conmigo, pocos han sido los que la han visto y no han sabido lo que significaba (o al menos, lo han expresado en voz alta).

Pero, ¿es nuestro símbolo solo porque hace casi dos mil años de una Cruz arrancó una historia que nunca terminará? ¿Es solo una historia del pasado que sigue vigente hoy en día? Estoy convencido de lo contrario: de que mi cruz, su Cruz y las de todos los que la llevan como cristianos tienen el mismo significado: la entrega. La de hace veinte siglos y la de cada día. La de preferir la vida de los amigos a la propia, y la de preferir el peor sitio para que otros tengan uno. La de “perdónalos porque no saben lo que hacen”, y la de amar a los que no comprenden el porqué das la vida y eliges no casarte ni dormir hasta las dos del mediodía un domingo.

La entrega es lo que nos hace cristianos, y por eso la cruz es nuestro símbolo. Para que no solo esta sea de los signos más reconocidos mundialmente, sino que también el servicio gratuito, el amar lo suficiente como para preferir lo mejor incluso para alguien que no conoces de nada, se convierta en un emblema que permita a quien lo vea saber que Alguien mueve nuestro corazón y nuestras manos. ¿O alguno de nosotros puede considerarse superior a otro para no estar disponible para él? El tiempo acaba enseñando que la mejor inversión es la que se hace dándola a otros, y que nada mejor puede invertirse que la vida entera.

“Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13. 15)

Ahora que eres seminarista, toca sonreír – Día del Seminario 2015

cura_sonrisaEsta mañana, celebrando la Eucaristía de san José (y con ella el Día del Seminario) con los alumnos del colegio de las Josefinas Trinitarias de Plasencia, una frase me ha dado el tema perfecto para la entrada de este día. Después de haber invitado a los chicos y chicas presentes a mirar a la cara de las religiosas y de los seminaristas para comprobar la felicidad de haber decidido entregar su vida, el rector me decía entre risas: “Ya sabes, a partir de ahora te toca sonreír mucho”. Y es que, celebrar a san José como patrón, escribir esta entrada desde el Seminario, haber elegido esta opción, es motivo suficiente para hacerlo.

Sonreír, pero no como por algo pasajero, un regalo que ilusiona hasta que se pasa. Sonreír con la alegría de haber sabido encontrar a Alguien por quien merece la pena dar la vida, que ya la ha dado por nosotros, que enseña a amar porque quiere encender el mundo en el mismo fuego que le llevaba a cambiar todas las vidas que se encontraba por delante. Alguien que, llegado el momento en el que consideró que mi vida estaba lista para cambiar de rumbo, decidió dejar su pregunta en medio del camino, con los datos suficientes para encontrar la siguiente pista, para comenzar a dar pasos hasta llegar a la meta. Que Dios nunca me haya hablado en una voz, ni se haya aparecido ante mí no me quita la alegría; al contrario, me regala la de saber que le he importado lo suficiente como para buscar la forma de decirme lo que quería para que yo supiese escucharle. ¿Y si sabes que Alguien así te llama para que formes parte de su plan para salvar el mundo, no vas a sonreír?

¿Y las renuncias? Las renuncias tampoco pueden más que la alegría, porque es precisamente gracias a ellas como aumenta. ¿Nunca has renunciado a romper tu hucha para poder comprar más tarde algo más valioso? La clave está en encontrar lo que necesitamos para el camino, y lo que necesitamos llevar listo para que ayude a los otros a continuar caminando. Puede que muchos vean en mi vida una retahíla de noes, pero gracias a ellos algún día podré servirles.

Cuando sabes que Dios quiere seguir tocando corazones, que necesita manos que estén dispuestas a dar color a los que todavía viven en blanco y negro, que el esfuerzo que ha hecho para encontrarte a ti quiere hacerlo con todos los que viven en la tierra. Cuando descubres que son más los que agradecerán la entrega que los que la despreciarán, que hay cargas que solo unas manos ungidas pueden retirar, que hay vidas esperando a que sean tus palabras las que les abran la puerta de la eterna. Cuando encuentras a las personas que buscan a Dios sin toparse con nadie que les lleve a Él, a los jóvenes dispuestos a decir que “sí” a un proyecto que merezca su vida, a los millones de personas que miran al Cielo y piden que nunca falten los que les acercan a él… Cuando eres consciente de todo lo que un sacerdote puede transformar y convertir, entonces dices que sí, todo comienza a cambiar y sonríes con tu vida.

Hay una frase que quiero que escuches

Descargar Fondos de pantalla Dia de san valentin (11)Hay frases que toda persona debería poder escuchar al menos una vez en su vida. Palabras que el corazón necesita para que sus latidos tengan un ritmo que no sea el de una monótona supervivencia, el de otro día más aquí, el del cansancio. Tienen fuerza, y sobre todo transmiten esa fuerza, porque cuando son pronunciadas con sinceridad, cuando lo único que hacen es traducir a un lenguaje lo que se está viviendo por dentro, son capaces de transformar toda una vida y darla sentimientos que nunca creyó que fuese posible alcanzar.

La frase que quiero que tú escuches, y que algún día puedas pronunciar también, es simple: “Me amó y se entregó por mí”, personalizada, sintiendo que en ese “mí” está lo que eres, toda tu vida, tus éxitos, tus caminos, tus errores, tus experiencias. Quiero que puedas mover los labios aunque solo sea para susurrarla, que algún día puedas hacerlo porque has comprendido que amar es mucho más que cuatro letras y una definición en el diccionario. Ojalá llegue pronto el día, porque la entrega ya está hecha, hace mucho tiempo que Alguien creyó en ti y eligió dar hasta la última gota de vida para que la tuya no encontrase ningún obstáculo insuperable. Te amó, y te ama. Te quiso de la misma manera que pido que algún día sientas que alguien te quiere: hasta saber que tu vida es más valiosa que la suya y que no merece la pena guardarse nada si es el precio de tu felicidad. Imagina lo que es tener alguien así.

Y pido todo esto porque quiero que experimentes una felicidad con la que quizás nunca te hayas parado a pensar. Porque sé que es para ti, que también tú tienes ese derecho y nada debería impedirte poder sentir que el amor no tiene límites porque los ha traspasado todos. Da el paso y acércate, entrega tú una pequeña parte de tu tiempo al que entregó absolutamente toda su vida, al que murió por ti para que vayas más allá de un vivir en minúsculas. Si lo más importante es el interior, y lo más importante del interior es el amor, ¿Te vas a quedar a medias?

Los que están detrás

tumblr_m7zcl7G7NN1rxoyj3o1_500Hay muchos días en los que las veinticuatro horas parece que no son suficientes. Realmente, son los días en los que más se disfruta del tiempo, en los que aprendes el valor de cada minuto y lo aprecias como si de él dependiese que una tarea quede terminada. Muchos de esos días terminan sin que tengas en las manos el resultado de todo ese desgaste, ha sido trabajo para que otros se encuentren cómodos, disfruten, crezcan, aprendan, descubran… Tus fuerzas se han transformado en lo que ellos han recibido y, con ellas, se han llevado algo de ti, aunque quizás nunca lleguen a conocerte.

Casi todo lo que vivimos en nuestro día a día tiene personas detrás: desde el escrupuloso orden del transporte hasta la comida que cae en nuestra mesa. Llevan una firma invisible, pero la letra les delata: salta a la vista el cariño con el que algo está preparado, las horas invertidas, la ilusión que brillaba en los ojos del que se puso manos a la obra. Todo esto lo aprendes cuando eres tú el que se esconde entre bambalinas, el que enciende el interruptor para que el foco ilumine al que salta al escenario, el que suspira cuando todo termina porque nada ha escapado a la preparación. Es una sensación única, y la engrandece aún más pensar en quien recibirá lo que tus manos están colocando, redactando o preparando. Imaginar el efecto que tendrá y cómo lo acogerán. Rezar por esos futuros destinatarios, porque de alguna manera vas a formar parte de uno de esos minutos que tanto aprecian en su tiempo.

Hay muchos días en los que las veinticuatro horas parece que no son suficientes, pero es un consuelo saber que se han multiplicado para darse a otros. Unos minutos de aquí y el tiempo que otro dedique a disfrutarlo allá. Aunque el único pago sea el agradecimiento de alguien que ha descubierto quiénes han tejido ese momento.