El amor verdadero es solo el primero

montaña escalador.jpgEl frío del amor primero es la prueba de que no nos bastamos solos, de que la vida no depende de nosotros, de que no vivimos para nosotros mismos.

Es la oportunidad de renacer, de recargar el aceite en la Lámpara, aceite que no se hiele como esa insípida agua con que tantas veces intentamos calmar nuestra sed.

Es el grito de Dios enamorado, que nos repite que nos pensó y amó tanto que no podemos conformarnos con menos que arder, vivir, llenar el corazón que, intencionadamente, hizo grande.

Es la prueba de que el amor primero nunca puede ser recuerdo, sino vida; de que no puede añorarse, sino actualizarse; de que nunca podremos agotarlo, porque no lo encendimos nosotros. Y si se vuelve recuerdo, añoranza o, simplemente, vacila, no será él lo que muera, sino nosotros, que estaremos de nuevo en el instante en que nos jugamos la vida: vivir fieles o adormecernos cómodos, poner pasión o pasar a segunda fila, saltar de nuevo y más lejos o instalarse a un lado de la vida.

Porque el amor primero es la columna de fuego, y cuando parece enfriarse es porque va por delante y nos pide salir hacia allí una vez más. Pide fidelidad. Pide vivir en un amén constante, que no es lo estático del “que así sea”, sino la permanente novedad del “que así se haga en mí”.

 

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Luz y chispas

Diseño sin título (6).pngLa luz puede ser una chispa, una ráfaga, un flash, una explosión, un deslumbramiento, un destello, un titilar intermitente. Puede ser un rayo que inunda de claridad el camino pero es tan breve que es casi imperceptible. Se puede intentar caminar con estas luces, pero se tropieza, se cae y no se aprecia ni siquiera el camino que atravesamos.

Pero la luz también puede ser farol, lámpara o candil. Puede ser hoguera, hogar, antorcha. También son luces las farolas, los faros, las linternas, las bombillas… y ellas sí permiten caminar, sin riesgo, no traicionan, no esconden más que muestran, no se alían con la oscuridad. Algunas, incluso, calientan en medio de la tempestad física o espiritual.

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas”. El que apuesta por una Luz en medio de los fogonazos y las ráfagas. El que se aferra a un simple haz de Luz que, aunque sea costoso y a veces parezca casi insuficiente, asegura más pasos que la intermitente claridad de los sucedáneos. El que solo pone el corazón a la luz del faro seguro, y no deja que lo quemen las intensas, efímeras y atractivas chispas de las tinieblas.

Es nuestro momento – Día del Seminario 2017

IMG-20170306-WA0006Como cada año, en torno a la fiesta de san José, la Iglesia celebra el Día del Seminario. Este 2017, con un sabor diferente y especial: la Diócesis de Plasencia, mi diócesis, se encuentra en pleno plan vocacional, invirtiendo esfuerzos en mostrar el regalo que cada vocación supone para la Iglesia y todo lo que recibe el que acepta entregarse. El lema escogido  para este plan nos recuerda que “Es tiempo de bregar”, tiempo de trabajar afanosamente, de implicarse, de mojarse por conseguir que la Iglesia y el mundo sean cada vez más lo que Dios quiere, y que nunca falten vidas entregadas para hacer realidad esta misión.

Atravesamos un momento de crisis religiosa, de dificultades, de Seminarios e iglesias no tan llenas como nos gustaría encontrarlas… pero un momento que encierra la gran oportunidad por la que hemos sido llamados a vivir este y no otro en todo el abanico de los siglos: este es nuestro momento, y nosotros somos los hombres y mujeres elegidos para hacer de estos años una historia. Es nuestro momento. Y como tal, no debería quedar tanto tiempo para lamentarse y achacar a decenas de factores el que hoy no encontremos lo que nosotros desearíamos. Es tiempo de ponerse en juego y demostrar que no somos una Iglesia de lamentos sino de esperanza, que hemos consagrado nuestra vida al anuncio de una historia de vencedores y que estamos dispuestos a testimoniar esto con cada segundo de nuestra vida, que quiere gastarse y encuentra en estos tiempos de crisis la oportunidad de hacerlo. Ojalá la crisis de vocaciones no sea crisis de esfuerzos. Ojalá la carencia nos mueva a valorar más el papel del sacerdote y a convencernos, de una vez por todas, de la necesidad de entregas completas, sin hacerse partes, sin dobles vidas, sin reservas que solo redundan en perjuicio propio y de los demás. Ojalá descubramos qué papel jugamos cada uno en nuestro momento de la historia, y no defraudemos cuando nos toque desempeñarlo y dar fruto.

Es tiempo de querer ser sacerdote. Porque la misión de hoy no tiene nada que ver con la de hace unos años. Porque la oportunidad que se nos brinda hoy, no la tuvieron ninguno de los anteriores. Porque no nos faltan razones para desear compartir vidas, sostener esperanzas, dar fuerzas, alimentar corazones, acompañar el dolor, perdonar las oscuridades, poner luz en las tristezas, explicar el sentido que hemos descubierto para la vida… estar cerca de Dios y de los hermanos. Porque hoy más que nunca es necesario una palabra que ofrece toda la vida como prueba, como aval, que se pronuncia más con obras que con palabras. Porque hoy probablemente vivamos la mayor necesidad de acogida de la historia moderna, en nuestras fronteras, pero también en los corazones de los más cercanos. Porque sigue habiendo personas que esperan, que confían, que aguardan una respuesta de Dios en medio de la historia, y que buscan rostros que les acompañen en este camino. Porque es hoy cuando nos toca a cada uno dar la cara, ponernos en pie y vivir nuestra vida, y no continuar perdiendo oportunidades en las que nos jugamos nuestra vida y la de los demás. Porque aún hoy continúa habiendo gente que necesita ser valorada, mirada a los ojos, llamada por su nombre, comprendida, amada como Dios la ama. Porque los que nos esperan hoy, no estarán ahí mañana, para cuando hayamos cobrado el valor suficiente. Porque hay Puertas que sigue siendo necesario abrir y de las que solo los sacerdotes tienen las llaves. Porque hoy es el momento de sentar las bases para que progrese el futuro. Porque hoy te mereces ser feliz haciendo feliz a los demás, y basta de continuar conformándote con menos que una vida plena.

Y, ante todo, porque hoy es cuando vives, cuando te cruzas con otros, cuando puedes elegir. Cuenta conmigo para compartir nuestro momento de la historia pero, por favor, prométeme que tú también lo darás todo para que otros lo vivan, que no serás egoísta con esa vida que te regalaron para darla a los demás. Y si para eso sientes que tienes que ser sacerdote, prométeme que no te negarás a ayudar a otros a ser protagonistas de su momento de la historia.

Necesitamos más radicales

centro-amigo-web-796x448.jpgLos radicales que el mundo necesita son
los de la misericordia entrañable y entrañada,
los del perdón inagotable,
los de la mirada profunda,
los del acompañamiento al ritmo,
los de la exigencia y la compasión,
los de la mano incansable,
los de la Palabra y no las palabras,
los del tiempo compartido a fondo perdido,
los que no tienen más interés que quien está ante ellos en cada momento,
los que piden pero dan,
los que nunca se agotan porque comparten lo que no se acaba,
los que se acuestan cansados pero con el día lleno de caras, nombres e historias,
los que son puentes y no muros,
los que prestan sus alas para que otros vuelen,
y sus gafas para que otros vean,
y sus pies para que otros caminen,
y sus sueños para hacer realidad el de Dios.

Estos son los verdaderos radicales, los auténticos fundamentalistas que han descubierto el fundamento de la fe: el Amor que es Dios apasionado por cada hombre, especialmente por los que no saben cómo llamarlo o lo han olvidad por el camino.

Radicales sin razones, sin más razones que el Amor en persona.

Me haces mucho bien

img_5910.jpgEl “nuevo” curso, que ya ha llegado a su ecuador, vino cargado de personas nuevas: en la casa, en la parroquia, en la Red, en varios círculos de los que tejen nuestra vida… Junto a ellas, muchas de las que estaban renovaban el contrato de seguir aquí al lado: compartir lo bueno y lo malo, atravesar juntos los momentos y superar las dificultades y errores. Y con todas estas caras moviéndose cerca, no he podido evitar pensar más de diez y de veinte mveces en estos meses: “me haces mucho bien”. Esta entrada es un pequeño homenaje a todos ellos: a los que habéis puesto lo mejor de vosotros en mí, y a los que lo hacéis con quienes conocéis.

Creo que es la clave de una amistad y de las mejores cosas que puedes decir a otra persona. Por encima de lo bueno que sea, de las cualidades que tenga, de sus éxitos, de las oportunidades que te abra conocerlo… que alguien te haga bien es el pasaporte a crecer como persona y, sobre todo, a crecer juntos, aprendiendo, descubriendo y corrigiendo juntos los pasos. Es la prueba más clara de que ninguno de nosotros nos valemos del todo por nosotros mismos: somos dependientes de los otros, que nos enseñan casi tanto como necesitamos aprender para Vivir con mayúsculas. Unos más y otros menos, pero quizás sean los que parece que menos lecciones traen consigo los que resultan ser expertos y llenan ese espacio que guardamos dentro de nosotros para los que vienen de fuera. “Hacer bien” a alguien es mucho más que colmar sus intereses o satisfacer sus expectativas: es mejorar un poco más su forma de vivir, aunque para ello a veces sea necesario llevarlo hasta un límite en el que ninguno de los dos os gustaría veros. Es una tarea de valientes: de los que saben que arriesgan para que todos ganen, y prefieren compartir lo que han ganado ellos porque en el fondo están convencidos de que no es mérito solo suyo. Hacer bien a alguien es asumir la misión de transformar vidas para que cada vez haya en ellas más de la luz y la alegría que deberían colmarlas, y menos oscuridad de la que se contagia y se vende a diario. Hacer bien es, además, algo gratuito, rebosante, adictivo, sorprendente y muy muy humano.

Personalmente, estos han sido meses de comenzar a sanar heridas, de salir de trincheras en las que el barro se pegaba a las botas, de reencontrarme con la ilusión y la vida que otros reflejan, de perdonarme y dejarme perdonar errores, de recuperar y redescubrir tantos porqués que dan sentido a cada día… Y si de algo puedo presumir es de que ha sido gracias a los que han ido coincidiendo en mi mismo carril, algunos más cerca, otros más lejos, algunos incluso sin pretenderlo y otros con el firme propósito de desmontar mis muros. Personas con las que Dios hizo de la casualidad y la coincidencia una oportunidad para llegar hasta dentro. Personas que hacen mucho bien, y eso, su hacer, habla por sí solo.

Gracias.

Soy luz

Alla_Rogashko.jpgSoy luz cuando ayudo a otros a ser más humanos, cuando rompo las barreras, cuando tiendo mis manos, cuando hablo desde el corazón.
Soy luz cuando no permito que se apague la pequeña llama que hay en otros, cuando comparto lo que me hace arder sin consumirme.
Soy luz cuando me enfrento a lo que oscurece vidas, lugares, situaciones… cuando mi vida es testimonio de que se puede.
Soy luz cuando dejo llenar mi lámpara, cuando aprendo a alumbrar de otros, cuando recorro el camino que ellos dejaron alumbrado.
Soy luz cuando alguien puede dar un paso gracias a mi claridad, aunque nunca yo pueda saberlo ni decírselo a nadie.
Soy luz cuando no me escondo, cuando dejo brotar libremente la llama que hay en mí para que alumbre a todos, sin distinción.
Soy luz cuando resisto al viento que hace temblar mi pábilo vacilante. .
Soy luz cuando recogen mis ascuas del suelo y me dejo colocar de nuevo en el candelero.
Soy luz cuando reconozco que no soy yo el que alumbra.
Soy luz cuando devuelvo toda la luz que he recibido, y la que me han dado para cada momento.
Soy luz cuando no rechazo acercar mi antorcha a quien sufre el frío, cuando recuerdo que no alumbraré eternamente y entonces recordaré las ocasiones en que me la he guardado.
Seré luz cuando devuelva mi lámpara, marcada y quemada, a quien me la entregó. Entonces, como ahora, brillará mi cara ante la Luz y comprenderé que todo ha servido para el bien. Será él quien ilumine los caminos que yo recorrí siendo luz.

“Vosotros sois la luz del mundo. No puede ser ocultada una ciudad presente en lo alto de un monte. Tampoco encienden una lámpara y la colocan debajo del cajón, sino sobre el candelero y alumbra a todos los de la casa. Alumbre de este modo vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre en los cielos” Mt 5, 14-16

¡Sed felices!

o-summer-happy-kid-facebookEl Evangelio de este domingo habla de la fe, de la religión, en unos términos muy contrarios a los que llenan nuestra sociedad. Habla de felicidad, de estilo de vida, de vidas llenas, de recompensas aquí y más allá… de todo lo que llena programas, libros de autoayuda, cuentas en redes sociales y un largo etcétera de “productos” psicológicos en los que cada vez más se busca esa receta para la felicidad que el hombre ha nacido programado para alcanzar y que parece estar cada vez más convencido de que es difícil de encontrar.

El texto de hoy es un canto de esperanza, de ánimo para los que se han desesperado en el camino de encontrarla, de los que creen que por la situación que viven han sido privados de esa felicidad que solo está al alcance de unos pocos. Es un grito a las conciencias de los que tienen de sobra y aun así están vacíos por dentro, y una mirada elogiosa hacia los que, contando con poco, y sin conformarse con sus condiciones de vida, proclaman con su alegría la victoria de los sencillos, los humildes, los que viven preocupados por la vida y no por lo material ni lo efímero. Las bienaventuranzas son la declaración de derechos y deberes de los que quieren de verdad vivir en paz y tranquilidad: derecho a perdonar, a mirar con un corazón limpio, a estar triste y ser consolado, a construir la paz, a ser llamados hijos de Dios y hacer su voluntad… Es el regalo del Dios que quiere que su obra maestra no siga buscando sin éxito su felicidad y comience, por fin, a vivir aquello para lo que fue creada.

Y, ¡sorpresa! No dice nada que pueda sonar opresor, pues el verdadero Evangelio es un canto a la libertad. No se puede hablar de una felicidad que somete, pues el primer requisito para ser feliz es ser libre para poder elegir serlo:

para poder rechazar el casi inconsciente espíritu de materialismo y consumismo, el tanto tienes, tanto vales, y comenzar a vivir solo con lo que necesitamos para que otros puedan hacer lo mismo;

para tener el valor de reconocer nuestra tristeza, nuestra limitación, nuestros fracasos, y estar así en condiciones de esperar unas palabras de consuelo y unas manos que sequen o compartan nuestras lágrimas;

para elegir no escalar ni trepar, no aparentar para ser el primero, sino escoger la sinceridad y la verdad de lo que somos y tenemos;

para comprometernos hasta el fondo con nuestra fe, con lo que nos pide y con los que necesitan que la vivamos de una vez por todas de verdad;

para perdonar y olvidar, y librarnos de una vez de las pesadas cargas que el rencor coloca en nuestra vida; para poder devolver a nuestros ojos la limpieza, las miradas sin juicios, el valor infinito de cada persona que se acerca y de cada momento compartido;

para remar contracorriente construyendo la paz con cada uno de nuestros gestos y palabras, y no con grandes declaraciones, tuits o proclamas que se nos olvidan ante los que tenemos más cerca;

para aceptar ser perseguidos, señalados, etiquetados por defender lo que de verdad creemos, sin tener que guardar silencio por el miedo al qué dirán;

para poder ser, al fin, felices como queremos, y como parece que aún no nos hemos atrevido a ser de verdad. Es tiempo de demostrar que se puede.


Bienaventuranzas (Mt 5) (más…)